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By Francisco Ignacio Taibo Mahojo

«Son tipos que parecen haberse comido a un ángel y que alimentan sus durezas de esta fibra mágica de l. a. terquedad y los angeles verticalidad. Personajes que no oscilan en medio de las tormentas, que no se reclinan. Personajes de gestos, que operan en el terreno donde se mandan mensajes reales, el terreno de los símbolos» De los angeles efímera experiencia del sindicato de pintores mexicano creado en 1922 por Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, a las reapropiaciones de Buenaventura Durruti y Francisco Ascaso en su periplo mexicano; de los angeles lucha contra los angeles oligarquía española en Acapulco que dos vidas le costara a Juan Escudero, a l. a. tenaz insistencia del último magonista; del «estilo Hölz» en los angeles convulsa Alemania de 1918-1921, a las crónicas periodísticas de Larisa Reisner sobre los angeles Revolución Rusa; de Raúl Díaz Argüelles capitán del ejército cubano rebelde que dejara su vida por los angeles independencia de Angola, a Peng Pai y su specific persecución de l. a. revolución agraria china. Paco Ignacio Taibo II nos enseña l. a. lúcida defensa del oficio de historiador. Nos deja constancia de los angeles memoria de las resistencias y las derrotas que nos llevarán, una y otra vez, a volver a intentarlo, con l. a. certeza de quienes llevan un mundo nuevo en sus corazones.

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Decidí no entrar en los pueblos sino pescar lo que pudiera de los angeles vida en un cruce de caminos e iniciar mi propaganda ahí. Eso hice. Por l. a. mañana caminé hasta el templo de Lun-shan. Los principales caminos de varios distritos cruzaban este punto. Los campesinos que tomaban estos caminos solían detenerse ante el templo para descansar. Comencé a hablarles sobre sus condiciones de vida. Hablé sobre las causas de su pobreza y cómo librarse de l. a. opresión. Di ejemplos de cómo los explotaban los terratenientes y expliqué l. a. necesidad de l. a. organización. Al principio hablé sólo con dos o tres campesinos, luego el círculo gradualmente se ensanchó. Se produjo un pequeño mitin. Escuchaban a medias dudando, a medias creyendo. No más de cuatro o cinco se unieron a los angeles conversación. Cerca de diez se limitaron a escuchar. Pero aun esto no period un triunfo pequeño. Traté de explicar por qué los campesinos deberían organizarse. «—Si los campesinos se unen pueden asegurar un descenso de las rentas. Los terratenientes propietarios no podrán enfrentarlos. Los impuestos ilegales y todo tipo de opresión deben cesar. Los propietarios no podrán seguir tomando l. a. ley en sus manos. »—¿Qué estás parloteando? —gritó un campesino viejo enfadado—. Mejor deberías pedir a Ming-ho que no ande cobrando las rentas atrasadas. Entonces quizá crea que no estás burlándote de nosotros. »Ming-ho period un pariente mío, mercader y propietario. Iba a replicar cuando repentinamente, un joven sentado detrás de mí saltó: »—Esa no es manera de hablar —amonestó a mi oponente—. Tú trabajas en tierras de Ming-ho. Si Ming-ho lessen l. a. renta, tú vas a ser el único que recibirías algún beneficio. ¿Y qué conmigo? Yo no le pago rentas a él. El asunto no es pedirle algo a alguien, sino descubrir si nos podemos organizar. No tiene que ver sólo contigo, tiene que ver con todos». Yo estaba fascinado al oír esa respuesta. Averigüé el nombre del que había hablado y le pedí que me fuera a buscar por l. a. noche. Vino y tuvimos una larga conversación en l. a. que me contó que había un grupo de campesinos que apoyaban lo que decía, pero que los demás tenían miedo. Le pedí que trajera al grupo de los creyentes. Mientras tanto comencé a preparar té. El agua estaba empezando a hervir cuando volvió Chang Ma-an con sus amigos. Eran todos jóvenes campesinos, ninguno de menos de treinta años, pero a juzgar por sus modales y su conversación, todos ellos muy despiertos. Comencé a hablar del movimiento campesino, lo que me parecía los angeles cosa más urgente. «—Salgo todos los días a hacer propaganda y los campesinos no me hacen caso y no quieren hablar conmigo. ¿Qué debo hacer? —les pregunté. »—Una razón es que los campesinos no tienen tiempo que perder —dijo Leng-pei—. los angeles otra es que tus discursos son muy complicados. Yo, hay veces que no los entiendo. Además, es que no tienes amigos entre los campesinos. Lo mejor es que fuéramos juntos a los angeles villa una tarde hacia las siete o las ocho. A esa hora se ha terminado el trabajo. Y que trataras de hablar simplemente. »—Y recuerda, cuando hables en los angeles villa deja de lado el asunto de los dioses y los santos».

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