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By Diane Wei Liang

Los angeles moderna y emprendedora Mei acaba de abrir una agencia privada de detectives en pleno corazon de Pekin. Esta mujer joven es un simbolo evidente del gran cambio cultural y economico que esta viviendo China. Al volante de su Mitsubishi rojo, y con un hombre como secretario, Mei esta preparada para su nuevo trabajo. Cuando un cliente le pide que encuentre un valioso jade de los angeles dinastia Han sustraido de un museo en plena Revolucion Cultural, Mei se vera obligada a profundizar en ese oscuro periodo de l. a. historia de China. l. a. investigacion de Mei revela una trama que tiene mucha mas relacion con el pasado y l. a. historia de su propia familia de lo que podria haber esperado. Esto l. a. llevara a los angeles trastienda de Pekin y a un secreto tan bien guardado que, desenterrarlo, amenazara con destruir lo que Mei consideraba sagrado...

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En el otro extremo del mostrador, una pareja discutía por algo. l. a. mujer señalaba y hacía aspavientos con las manos. Mei salió de los angeles recepción y anduvo por un pasillo alfombrado. Estaba bien iluminado y olía a pintura nueva. Mei apretó el botón y escuchó el ascensor. Crujía desde algún punto del inside del muro y por fin se detuvo con una sacudida. Mei se metió dentro. Paseó los ojos por los números de las puertas en el pasillo de aspecto nuevo de l. a. cuarta planta. De pronto oyó pasos apresurados. Se detuvo. Una figura salió de detrás de una esquina y pasó a su lado a toda velocidad. Ella se volvió a tiempo de ver l. a. espalda de un hombre que desaparecía escaleras abajo. Mei corrió. los angeles puerta de los angeles habitación 402 estaba entornada. Una ligera brisa entraba por los angeles ventana medio abierta, moviendo una fina cortina blanca. l. a. habitación había sido registrada. Había un edredón de plumas floreado, almohadas y prendas de ropa de hombre tirados por el suelo. Una maleta había sido vuelta del revés. Una de las lamparillas de noche se había caído al suelo. El colchón había sido volteado y colgaba por fuera de los angeles cama. Una costosa botella de aguardiente de arroz Wuliangye («Líquido de los Cinco Virtuosos»)3 yacía en el suelo y el cuarto apestaba a su contenido derramado. Un vasito de licor, de porcelana, había rodado hasta l. a. ventana, donde descansaba de lado. En el suelo había un cuerpo rígido con un chándal nuevo. Mei dio un respingo al ver su rostro: estaba congelado en una mueca de espanto. Le había salido sangre de l. a. nariz y los angeles boca. l. a. cicatriz de l. a. ceja, menos azulenca que el resto, miraba hacia Mei con insolencia, como si estuviera viva. Ella se faucetó l. a. boca. Su respiración se acortó. De pronto le faltaba el aire, las manos le temblaron y el cuerpo se le estremeció. Retrocedió hasta chocar con l. a. pared. El leve zumbido de una motocicleta pasó por algún lugar distante. El sol de primavera se filtraba por l. a. cortina blanca. Mei contempló aquel rostro con su cicatriz. Por fin había encontrado a Zhang Hong, pero él no iba a responder a ninguna de sus preguntas. Según yacía muerto en retorcida agonía, se le veía pequeño y desvalido. Mei se preguntó qué habría hecho para merecer semejante muerte. Inspiró profundamente un par de veces y dio algunos pasos. Se acuclilló junto al cuerpo y le tocó l. a. cara: los angeles tenía fría como los angeles piedra. Se levantó. Pensó en las dos sombras que se alejaban andando de los faros amarillos en el Hutong Wutan. También pensó, extrañamente, en los angeles peonía de Luoyang, los angeles flor nacional, con sus barrocos pétalos y sus suaves colores amarillos, rosas y blancos. Nunca había estado en Luoyang, no podía pensar en ninguna otra cosa que perteneciera a esa ciudad. Zhang Hong había sido l. a. primera character que l. a. conectaba con ella, con ese oeste lejano. ¿Tendría él una familia allí? ¿Estarían aún esperando su vuelta? Mei sintió que el corazón se le anegaba. Anduvo hacia el cuarto de baño. Quienquiera que hubiera registrado el lugar había hecho un trabajo concienzudo: todo estaba tirado por el suelo.

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